Estabas Ahí


Estabas ahí, en medio de la multitud, parecías perdida en un pensamiento de cuatro de la tarde.Alguna idea que te inundaba.

Te observe detenidamente por varios minutos, me cautivaron tus ojos y el color de tu sonrisa.

Caminabas lentamente mientras saboreabas con fruición una paletita, me viste de reojo y de algo te reíste; volteaste hacia atrás y yo te mire azorado, tu volviste a reír.

Te busque un nombre entre mis recuerdos postergados y, debía ser alguno que se adaptara plenamente a la pequeña arrogante y cautivante criatura que se alejaba lentamente de aquel lugar, dejándome en una nube de turbación.

Por unos segundos dude, pero decidí seguirte y hacerte saber di mi.

Te seguí a unos pasos, hasta que notaste mi presencia, no pareció fastidiarte incluso sentía lo esperabas.

 Te pregunte no se que, me invente un no se como y tu mirando el pánico que estallaba en mi rostro, soltaste una carcajada que estremeció mi ser; me miraste indulgente y me dijiste: ¡no se! y seguiste tu camino.

Me acerque a tu lado y camine junto a ti unos metros en silencio, me veías indiferente, te empecé a contar una historia, que inventaba en el momento, salpicada de ilusiones y anécdotas poco extrañas.

Sonreías complacida y me dejaste seguir, anduvimos largo trecho, detuviste la marcha, me tomaste las manos y me dijiste al fin: ¿Bueno dime tu quien eres? y no supe responder, te mostraste divertida y agregaste: ¿acaso no tienes nombre? ¿O de pronto enmudeciste?

Clave la mirada un algo perdido en alguna parte lejana en el horizonte.

Me derretía tu mirada pero mas aun que ahí estuvieras y que un poco perversa, un poco tierna disfrutaras verme en aprietos y yo me ruborizaba.

Te mire y con voz de bajo tono te dije no tengo nombre, ¡Quizás podrías tu darme alguno! Me miraste sorprendida y vino la risotada, me dijiste: que tonto eres, ¿Cómo que no tienes? respireprofundo y armándome de valor añadí: tuve uno hace tiempo, creo que hasta hace unos minutos, pero entonces apareciste, y ahora ya no se quien soy.

Un torrente de dulzura se desbordo por entre tus enormes ojos de brillo de esmeralda.

Ahora tenia el control y eras tu quien se turbaba, pero eso duro poco. Te voy a llamar amor, dijiste decididamente y lo voy a hacer seguido para que no se te olvide.

Me dejaste boquiabierto y totalmente petrificado, bromeé un momento y te dije: así no puedes llamarme pues creo que es asi como te llamas, creí que mi gran respuesta te volvería a desarmar pero tu con gran acierto respondiste de inmediato que asi era pero solo para mi; para los demás suelo llamarme de otra manera. Es por eso que yo puedo llamarte amor, pues será  así solo para mi.

Las piernas me temblaron, mis brazos cayeron lacios a mis costados, mi corazón estaba a punto de estallar; el horror volvió a mi rostro y la risa estruendosa regreso a ti.

Volviste a tomar mi mano y casualmente dijiste: ven vayamos por un helado, o ¿prefieres que te busque un doctor?, y volviste a llenar el aire con el sonido tan especial de esa risa tan tuya que ya hacia estrago en mi y se clavaba cada vez mas profundo en mi alma.

Llegamos a una plaza rodeada de abedules, manteníamos silencio hasta llegar a la neveria y ahí sin mas preguntaste sonriente: ¿Qué también quieres que sea yo la que pida los helados? Me diste un golpecillo en la cabeza y reíste, te mire conmovido jamás había estado en tal dilema ante alguien semejante.

Pediste una nieve de fresa yo un barquillo de limón nos sentamos en una banca desteñida y herrumbrosa. Intente iniciar una charla pero nada venia a mi mente, y tu como quien espera con toda certeza algo. Solo me mirabas de soslayo y sonreías tiernamente, como dándome un respiro. Por fin algo se me ocurría y empecé a parlotear, tu me escuchabas atenta y asentías con la cabeza, me sentí muy importante y casi podría jurar que en algún momento flote, reías de mis ocurrencias y mis historias de ovnis y cosas por el estilo.

Eres muy divertido dijiste cortando de tajo mi extenso discurso. De nuevo quede aturdido y sin saber que hacer, tú como que lo notabas y  me hacías sufrir un poco.

¿Qué, de nuevo te ataca el mutismo? Preguntaste de repente y soltaste tal risotada que todos alrededor se vieron obligados a mirar, me reí contigo sin saber siquiera porque pero algo calido recorría mi ser cuando posabas tus ojos en mi y tu risa inundaba el ambiente.

Mi charla regreso a bisílabos y algunos monosílabos tu hiciste un gesto extraño y al ver mi desconcierto volviste a carcajear.

Pretendía reclamarte y de la nada un beso en mis labios depositaste. Cerré los ojos como niño que descubre el miedo y le gusta tanto que no sabe como actuar. El beso fue mas bien breve pero quede aletargado. Te levantaste y dijiste: me tengo que ir, es tarde ya.

Sentí una enorme nostalgia apoderarse de mi, y me dijiste entre risas, bueno que ¿eres bobo?, ya estoy aquí, lo ves soy real algo bueno habrás hecho para merecerte estar conmigo y sonreíste gentil, será solo cuestión de días para volvernos a ver me dijiste confortante.

Nos despedimos entres susurros y me atreví a besarte, me dijiste fingiendo muy bien sorpresa ¡mira que atrevido eres! sellando tu comentario con tu ya eterna risa.

Te mire irte despacio hasta desaparecer tu silueta en el horizonte camine ebrio de felicidad por unos minutos.

 Si esto había sido un sueño. No volvería a despertar.




1 comentario:

  1. Una manera dulce de enarmorarse, como niña tonta y ñoña me confiezo quiero uno asi, pero como saber lo que el otro siente, en fin jamas podre vagar en la mente de un hombre y creo mucho menos en su corazon, tu me acercas un poco a la inocencia de alguien solo digno de tu imaginacion.

    Buen relato!!

    ResponderEliminar