Solo quiero mirarme reflejado en tus pupilas, quizá al amanecer después de una noche de cuerpos trémulos y asfixiados en el espacio de una habitación decorada unicamente con tu presencia.
Mirar como te levantas aun adormilada y buscas tu teléfono para revisar llamadas perdidas y saber que hora es, Escucharte quejar diciendo es tarde ya, aguardar para en el momento indicado abalanzarme sobre ti y derribarte nuevamente sobre la cama y recorrer de nueva cuenta el hemisferio izquierdo de tu geografía depositando suaves roces con los labios en tu piel.
Escucharte reñirme sin intentar escapar de mi tormento y mirarme sorprendida como quien mira a un extraño que le es simpático sin saber porque.
Si se que esto es solo parte de una trastabillada fantasía que surgió en el camino de regreso a casa después de un extenuante día de música y algodones de azúcar en el que simultáneamente tu te quejabas de el agotamiento de tu recorrido en bicicleta y yo me lamentaba de el calor sofocante, coincidimos bajo la sombra de un ahuehuete y nos miramos sorprendidos y sonreímos a la vez al notar que ambos llegábamos a descansar al mismo lugar y que igualmente los dos eramos para ese momento un par de quejumbrosos, es que he andado todo el día sobre esta cosa me dijiste señalando la bicicleta y pues ya me canse agregaste con una mueca mezcla de fastidio y ternura; si, es por el calor respondí, como que todo es mas lento y pesado cuando esta el sol a plomo. Si tienes razón añadiste, miramos en silencio el horizonte sin fijar la mirada en nada en concreto, nos sentamos y parecía que la pequeña charla concluiría, saque una botella de agua y te ofrecí un trago, no gracias te queda poca y esta muy fuerte el calor y capaz te dejo sin una gota, no importa respondí s se termina al rato compro otra pero tu luces extenuada y seria un gusto que bebieras el ultimo trago, gracias dijiste y bebiste, te dejo un traguito para que veas que no soy mala onda me dijiste sonriendo, agradecí y bebí el resto.
¿Vives por aquí? pregunte casual, no vivo por el sur ¿y, tu? no tampoco yo vivo para el norte, que tal eh, vivimos en extremos opuestos y míranos aquí quejándonos a la par. Así es culpa del agujero en la capa de ozono agregue, me miraste de una forma que aun no alcanzo a descifrar y asentiste con la cabeza.
Bueno me tengo que ir, un gusto conocerte, el gusto ha sido mio te respondí, já parecemos personajes de serie chafa de televisión dijiste y solo te mire sin responder. Pues suerte y que te sea leve tu regreso en bicicleta, ay, gracias ni me lo recuerdes que seguro acabare molida, pues si gustas soy buen masajista eh, ¿a, si? ¿y cobras caro? pues depende pero no, no mucho. Ok tomare en cuenta tu ofrecimiento, gracias, ¿pero y como te localizo?
Intercambiamos números telefónicos y direcciones de mensajería instantánea, quedamos en volver a vernos para continuar la charla y ver lo de el masaje, nos volvimos a despedir, te mire alejarte montada en tu vehículo y cuando te perdiste de mi vista emprendí el regreso.
Ahora ha pasado ya tiempo desde aquel encuentro casual, me sigo preguntando por ti y sigo esperando recordar donde quedo aquel pedacito de papel en que tus datos apunte. Te escribo un poema diario con la ilusión de que algún día te preguntes porque no he llamado y lo hagas tu, se que quizá piensas que me olvide de todo lo de aquella tarde y que esta podría ser la razón de que no hayas llamado tu, ahora entiendo la importancia de cargar diariamente la batería de el teléfono y de revisar la ropa antes de lavarla.
Y estoy en este momento redactando los versos de hoy y alistándome a salir, recorrer las calles y parques de la ciudad mirando atento a todas las ciclistas que a mi lado pasan, quizá este día corra con suerte y te vuelva a ver.