Días felices.


Cheche corría detrás de Toto más atrás venia Luli, se disputaban el campeonato mundial de motociclismo. Veloces pasaban una y otra vez gritando a cada vuelta ¿Cuántas nos faltan?
Los demás chicos veían divertidos desde la banqueta la carrera y gritaban a su favorito, por haber menos niñas Luli era la que menos oía su nombre al pasar pedaleando con animo, su bicicleta de rines color de rosa que había recibido como regalo de cumpleaños. Era la que mas animo ponía ya que ella no se iba a dar por vencida como Teté que había decidido abandonar la competencia a la cuarta vuelta porque tenia mucho calor y mejor se fue a sentar junto a los demás y observaba con atención y gritaba hurras para apoyar a su amiguita.
La competencia era reñida entre los dos ases del manubrio que contendían a las ultimas vueltas codo a codo. Muy detrás quedo la pequeña que no por ello se desanimaba y seguía dando su mejor esfuerzo.
De nueva cuenta las voces inquirían ¿Cuánto falta? dos mas exclame emocionado con el sano juego de aquellos chiquillos hijos de mis vecinos, esa pareja de jóvenes que habían llegado a vivir a la colonia hace unos cinco o seis años. Buscamos una casa más grande porque los chicos están creciendo, en un buen lugar, céntrico y en donde este trío de pingos, puedan salir a jugar con confianza.
El mayor de ellos contaría en aquel momento 5 años, el que le seguía 3 y la pequeña estaba por cumplir los dos. De inmediato se ganaron mi cariño y el de mi esposa, nuestro niño, dijimos queriendo ser simpáticos esta por cumplir veintiocho y en estos momentos anda camino a el sur a donde le ofrecieron un buen empleo como diseñador.
Reímos todos de buena gana, ahora tiempo después mi esposa había fallecido de cáncer en los pulmones consecuencia de su impar gusto por el cigarro, apenas hace un año.
Mi hijo estaba de vacaciones con su familia en la cuidad y mi nieta era una razón mas que suficiente para volver a estar alegre en ese momento. Me pasaba las tardes en la acera mirándole jugar con los vecinos, sus nuevos amiguitos. Me levante aprisa y les dije: ¡eh campeones es la última vuelta! al oírme los tres pedalearon con todas sus fuerzas para dar cuenta de los últimos metros, ¡gane! ¡gane! ¡gane! fue el exclamación de victoria de Cheche, los demás chicos le felicitaron y aplaudieron a el nuevo campeón del mundo en el difícil deporte de las bicicletas con un envase de jugo entre la tijera y la llanta para semejar el sonido de las motocicletas.
Abuelo ¿nos compras unas paletas de hielo? hace mucho calor me pidió mi nieta. Claro que si hijita le dije mientras la alzaba en brazos y la atacaba a besos, ella reía feliz y me decía ya abuelo déjame mientras jugaba con mis gafas. Iré por el dinero para sus premios les dije.
Eres el mas grande así que tu los cuidaras Cheche de camino a la neveria, si dijo el jovencito mirándome serio y con aire de halagado al saberse depositario de esa gran confianza de permitirles ir solos donde los helados y paletas. Me metí pues el calor se sentía con fuerza ahí fuera, antes encadene las bicicletas de los niños a la camioneta como hacia siempre después de sus andanzas.
Pasaron diez o quince minutos y el grupo no regresaba, le comente a mi hijo mi preocupación; seguramente estarán en casa de los vecinos disfrutando su postre.
Así lo creímos hasta que cerca de una hora después los vecinos tocaban a la puerta, hola a todos saludaron, venimos por nuestros diablillos ya les habrán dado mucha molestia después de su competencia y ahora aquí dentro dijo ella mientras sonreía como disculpándose. Pero como, pensábamos que estaban con ustedes todo este tiempo dijimos al unísono mi hijo, su esposa y yo. Nos miraron sorprendidos y tras miraros unos a otros unos segundos salimos corriendo a la calle gritando sus nombres, corrimos hacia la heladeria, hacia la esquina contraria, hacia el parque pero todo fue inútil; no había rastro de las criaturas. Mi nuera hablo a la policía y les expuso lo ocurrido, cerca de diez minutos después aparecieron dos patrullas y después de un montón de preguntas redundantes se dieron a la tarea de radiarlos y salir a su búsqueda, desesperados hicimos lo mismo al instante, pasaron las horas y no había rastro de los cuatro menores.
Con la angustia sobre nosotros esperamos al día siguiente para poder levantar el acta de desaparición y/o extravió que no podía ser así hasta antes de 24 horas. En ese tiempo nos dimos a la tarea de imprimir fotografías de los cuatro y sacar tres cientos de copias y pegarlas en todos los lugares que nos era posible. Los días pasaron.
Era ya la primera semana y no había indicio de donde podrían estar.
El dolor insoportable hacia mella un el animo de los padres de los chicos, en el nuestro y en el de todos los vecinos de la calle, que se habían unido a nuestra búsqueda.
El primer mes.
La esposa de mi hijo enfermo del corazón, la vecina había caído en profunda depresión hacia una semana.

Han pasado ya diez años de aquella trágica tarde.
Sigo asomándome día a día a la puerta esperando que aparezcan de la nada, así como se fueron y me pidan desencadenar nuevamente sus bicicletas.
Son ya diez años que no dejo de llamar a el centro de personas extraviadas o ausentes para saber si tienen noticia de ellos, son ya diez años de que cuando aun me contestan la llamada escuchar
por toda respuesta un no.
Mis movimientos son torpes y mi vista corta, la muerte asoma ya cada vez mas cerca.
Hoy nuevamente decoro la casa con globos y serpentinas de colores y espero que en cualquier momento entre mi pequeña por la puerta para celebrar su cumpleaños.







You Never Pale! You Never Gone!
And All Within I'm not Alone

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