Entre jirones de tela y estrellas.


Eran ya las siete pm pero aun había luz de día cómo si fuese más temprano, después de varios días por fin nos re encontrábamos, lucias fresca y en cierta forma sensual, no podía dejar de mirarte, ni de elogiarte, me mirabas tierna y agregabas tu bien estudiado: me choca tu cursileria, sólo respondí: no me importa, es lo que tengo qué decir sobre ti. Me miraste desafiante y reíste, desviaste la mirada y dijiste, ya vamonos anda.
Tomamos ruta a ninguna parte en especifico, lo que realmente importaba era tu presencia, el sentirte, el mirarte, respirarte.
Llegamos a una plaza y caminamos despacio platicando cuanta idea venia a nuestras mentes, te escuchaba con interés y hacías lo propio, parecía que solo hubiesen pasado horas desde nuestro ultimo encuentro. Te pregunte si querías algo y cómo andabas algo "emberrinchada" dijiste que no, insistí y volviste a negar, te mire de pies a cabeza, te dije: estas hermosa y tú sólo alcanzaste a hacer un reproche entrecortado (cómo quién no sabe que decir) Seguimos nuestro caminar por unos minutos, salimos a un pequeño parque casi vació, al fondo unos niños jugaban fut y el resto era territorio en calma, llegamos a unos juegos algo desvencijados y nos detuvimos a descansar. Anochecía y el aire enfriaba un poco.
Sentada ahí en ese pequeño armatoste de fierro, platicábamos y reíamos, mirábamos cómo no haciéndolo buscando conocer uno la reacción del otro. Me gustan tus pies -te dije- ese morado en las uñas les da un toque interesante. Me miraste y reíste animadamente, ah si, si ven horribles y mal pintadas -agregaste-. Quizá mal pintadas pero no importa, me agradan, y mientras esto decía acariciaba suavemente tus dedos y desabrochaba la correas de las sandalias; me mirabas divertida y me decías: ya, quieto, y soltabas la risotada. ¿en verdad pretendes que me quede quieto? no respondías, me mirabas animada y curiosa; acariciaba tus tobillos, tus pantorrillas, subía lentamente hacia tus rodillas, me dejabas continuar algo curiosa; subí mi mano y entrando entre el vuelo de tu falda acaricie tus muslos, me detuviste de golpe y dijiste: ¡ya! Te mire divertido, me levante y te tome por la cintura, te abrace suavemente y te bese, susurre a tu oído algunas palabras y reíste y me diste una pequeña mordida en el labio. Mis manos retomaron el camino de tus muslos lentamente mientras nuestras bocas se reconocían a plenitud. Insistías en detener mi marcha pero cada vez con menos tesón y más deseo, me puse en cuclillas y fui recorriendo despacio llenando con besos tus hermosas piernas hasta llegar a tu pelvis, te respire, te sentí, te probé; te tomaba por las caderas y te acercaba más a mi, cerraste los ojos y te dejaste llevar y repentinamente los abriste y te separaste un poco diciendo: no ya, por favor ya. Me levante y solté una risotada, en tu rostro se reflejaba una mezcla de emociones sin igual, me acerque de nuevo, tome tu cabeza en mis manos y te bese tiernamente. Golpeaste mi pecho y te acurrucaste en el, algo dijiste en voz baja (quizá sólo para ti) Permanecimos abrazados largo rato, después tomados de la mano caminamos hacia la neveria a disfrutar un helado de fresa y limón. Y esta historia... Continuara.


No hay comentarios:

Publicar un comentario